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  • May MahaMetta

Una ceremonia de Ayahuasca con un chamán indígena

Updated: Jul 28, 2020




La verdad es que no quería irme de Perú sin tener una experiencia con una ceremonia original dirigida por un indígena.




El día que fui a ver a la comunidad indígena de los Yahua danzar, después de comprarles pulseras a casi todas las mujeres porque me pseudo-atacaron para que les comprara, salí a ver el río Momón, que es por donde llegan los turistas para asistir a las danzas en la maloca. Estando allí se me acercó el joven que parece ser el que dirige todo cuando el jefe no está allí y al rato se acercó el hombre mayor que dispara con la cerbatana.


Después de estar hablando un rato sobre sus costumbres y darme el shock de que este hombre mayor es el que sale con la cerbatana todavía hoy en día para cazar monos y perezosos para comerlos todos en la comunidad, surgió no se cómo el tema de la Ayahuasca y les pregunté si ellos hacían esas ceremonias. Me dijeron que sí y me dieron el nombre y número de teléfono de Anselmo, el Kuraka, el chamán.





Cuando iba saliendo de la comunidad había dos hombres en la última casa y les pregunté si por casualidad uno de ellos era el kuraka. Uno de ellos me dijo que sí y le pregunté cuánto cobraría por una ceremonia de ayahuasca. Él me dijo que 300 soles y el otro hombre dijo “por lo menos”. No me convenció mucho porque les noté avariciosos, algo que los buenos chamanes no deberían ser. Además, me dijo que el número de teléfono que me habían dado era falso, y me dio otro.



Esa noche le llamé para confirmarle que iba a hacer la ceremonia y le pregunté si él era Anselmo y me dijo que era Ricardo, y cuando le dije quién era yo, me recordó. Es decir, él no era el chamán Anselmo, sino un impostor. Le llamé más tarde para cancelarlo y le di como motivo que era demasiado caro, bajándolo él entonces a 200 soles. Aún así no quise hacerlo porque sabía que él me quería engañar y no es el chamán que dice ser.



Así que al día siguiente por la mañana hice la toma de ayahuasca con la holandesa (la dueña del hostal en el que me alojaba) que me llevó hasta las 7 de la tarde con el trance, cuando decidí que quería escribir todo lo que visioné antes de que se me olvidara (aquí es el post sobre esa experiencia)



Al día siguiente decidí ir a los Yahuas y buscar al Kuraka para contarle lo que había sucedido para que viesen que entre ellos se traicionaban. Le encontré en la maloca, ya que ese día le tocaba actuar para un grupo de turistas que estaba de visita. Le conté lo sucedido y me dijo que ese era su hijo. Más tarde me enteré de que no es su hijo, sino el marido de su hija, un boras. Aún así no llegamos a entender a por qué hizo y dijo lo que dijo, ya que él no vive en la casa del chamán y sin embargo me dijo que él vivía ahí, en la casa de Anselmo, con lo que tarde o temprano me daría cuenta de que él no era el chamán.



Anselmo me dijo que yo podría hacer la ceremonia con él y que cobra 150 soles. Vi mi oportunidad de tener una experiencia real con alguien indígena, así que lo acepté y acordamos de acudir a su casa sobre las 7:30 de la noche.



A la holandesa le dije que me iba a dar un paseo y que luego vería lo que hacía pero que no me esperara, pero ella dijo que regresara antes de las 11 de la noche porque entonces cerraría la puerta con llave, y eso me hizo sentir como una adolescente que tiene que llegar a casa a cierta hora. Cuando me encontré con Anselmo y su esposa me dijeron que me tenía que quedar esa noche a dormir ahí, con lo que llamé a la holandesa y le dije que me quedaba a dormir con unos conocidos, lo cual ella se tomó bien y pudo ir a la cama sin preocupaciones.

Probablemente sospechó que me había ido a hacer una ceremonia con alguien más porque al día siguiente ni me preguntó dónde estuve ni lo que hice, ni mencionamos nada.



Cuando llegué a casa de Anselmo me quedé un rato en la habitación de la entrada hablando con su esposa y con una vecina que vino con un bebé. Quise saber dónde estaba el baño para que cuando llegase el momento en que lo fuese a necesitar no me costase tanto situarme, ya que bajo los efectos de la ayahuasca hay mucha desorientación, aparte de desequilibrio.


Lo primero que había que superar era un tablón puesto en equilibrio con unos bloques pequeños de madera clavados horizontalmente como escalones para salir de la cabaña dirección lo que ellos llaman “el baño”. Después de caminar unos 100 metros había unas tablas de madera sujetadas a unos troncos a los lados que había que caminar hasta el final y al llegar ahí, darse media vuelta y agacharse para “hacer tus negocios”, agarrándote como puedas a una rama del árbol de al lado para no caerte en el agujero lleno de “los negocios de los demás”. No había papel higiénico y no estoy segura de que ellos lo usen porque no vi ningún papel en la cabaña ni me lo ofrecieron ni tampoco había en el agujero papel higiénico utilizado anteriormente. Eso ya me dio la idea de que iba a ser extremadamente difícil cuando llegara el momento.





Regresamos a la cabaña y seguimos hablando durante un rato sobre lo que ella recuerda del comienzo de ese lugar, de cuando sus padres se marcharon de Colombia para el negocio del caucho y que luego ya se quedaron ahí, como les sucedió a los boras y a los kukama, solo que estos últimos me dijeron que ellos vinieron de Paraguay.









A las 8:30 me fui a la zona donde se realizan las ceremonias porque Anselmo estaba acostado sobre una hamaca y le pregunté cuándo comenzaríamos. Me dijo que en ese momento si yo quería, con lo que comenzamos entonces.







Después de bendecir la ayahuasca y hacer oraciones, me dio un vaso de la ayahuasca más horrible y de sabor más asqueroso que he probado en esta semana. Casi vomité solamente con el sabor a pesar de que yo no respiraba para no olerlo y por lo tanto, que no me supiera a tanto. Me senté en la incómoda silla de madera medio inclinada que me dieron y seguí con la náusea. Ya tenía claro que tarde o temprano vomitaría y no necesitaría pedirle a Madre Ayahuasca que me ayudara a vomitar para ver si entonces “sucedía algo”, como sucedió en las veces anteriores.



Anselmo se sentó enfrente de mí, y su esposa se tumbó en la hamaca. Su esposo le pidió que se quedara ahí, no falta decir que por caballerosidad y mi tranquilidad, de que él no me haría nada no consentido, ya que su esposa estaba ahí al lado.



Anselmo se pasó las cuatro horas cantando ícaros, con pequeños descansos de unos minutos entre uno y el otro, o esa era mi impresión, y me encantó cuando me golpeaba en la cabeza con la Shacapa (manojo de hojas atadas que el chamán agita rítmicamente para mover la energía y marcar los ritmos de la ceremonia).


Aproximadamente después de unos 15 minutos de haberla tomado COMENCÉ con la vomitada. Y digo comencé porque estuve toda la noche vomitando con pequeños descansos en los que yo le pedía a Ayahuasca que me mostrara algo importante para mi vida, pero cuando estaba en el proceso de mostrármelo, otra oleada de arcadas y vómitos venía y la visión se iba.